
Había una vez un pescador que vivía en una cabaña en una isla desierta. Éste tenía una pequeña barquita con la que se echaba a la mar a buscar peces que pescar.
Un día mientras el pescador trabajaba divisó una botella flotando en las aguas, lanzó la red y la recogió. Volvió a la isla a enseñarle al abuelo, un viejo simpático que vivía en la isla, lo que había pescado. Al enseñarle la botella se dieron cuenta de que había un papel dentro de ésta, y al abrirla descubrieron que era un trozo de mapa con unos acertijos, así que pensaron que quizá llevarían a un tesoro y decidieron ir a buscarlo.
Caminando por la arena de la playa, siguiendo y adivinando los acertijos, llegaron hasta otra botella en la que había otro trozo de mapa y así siguieron buscando hasta que de repente apareció una bruja, les quitó la botella y de fue. El pescador y el abuelo quedaron muy asustados pero como seguían teniendo los acertijos siguieron buscando más botellas y resulta que en una de esas pistas no había una botella sino que había una caja mágica.
Muy contentos abrieron la caja y de ésta salió mucha valentía y fuerza para que el abuelo y el pescador pudieran derrotar a la malvada bruja. Fueron a buscar a la bruja para quitarle la botella pero ella hizo magia y convirtió una montaña en un volcán y el pescador y el abuelo se quedaron dentro encerrados.
Como tenían la fuerza y la valentía, escalaron hasta salir del volcán y le quitaron la botella y empujaron a la bruja dentro; cogieron el mapa, juntaron todos los trozos y fueron en busca del tesoro, y cuando lo encontraron, lo abrieron y descubrieron que había dos billetes para ir a Rusia y se pusieron muy felices porque así podían ir a visitar a sus familias que hacía mucho tiempo que no veían.

Cuento realizado por los alumnos de tercero de primaria del centro Salesianos Juan XXIII.
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